
Acorralado por denuncias de enriquecimiento ilícito, filtraciones de la Justicia y la inminente interpelación en el Congreso, el funcionario más defendido por Javier y Karina Milei tuvo que dar un paso al costado. Su salida se selló este sábado por la tarde, en medio del hermetismo oficial. Diego Santilli y Pablo Quirno suenan como los principales candidatos para sucederlo en un puesto al rojo vivo.
En lo que representa la crisis política más profunda en lo que va de la gestión de La Libertad Avanza, Manuel Adorni renunció esta tarde a su cargo como jefe de Gabinete de la Nación. La dimisión, que se concretó de manera sorpresiva en las últimas horas de este sábado, pone fin a una agonía política de más de 100 días en la que el presidente Javier Milei y la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, intentaron sostenerlo e inmunizarlo de manera incansable frente a los embates de la oposición y los tribunales.
El desenlace se precipitó cuando el jefe de Estado terminó de convencerse de que era una tarea imposible controlar la narrativa comunicacional del Gobierno ante las impredecibles y constantes filtraciones del Poder Judicial respecto de los manejos financieros del ministro coordinador. Adorni, quien se despidió formalmente a través de su cuenta en la red social X con un escueto mensaje de agradecimiento —“Gracias por su confianza Presidente. Ha sido un verdadero honor”—, se marcha en absoluta soledad, cercado por una investigación penal por presunto enriquecimiento ilícito y sin el respaldo del resto del elenco ministerial.
Viajes de lujo y el quiebre de la tregua legislativa
La caída del ahora exjefe de Gabinete comenzó a gestarse hace cuatro meses, tras una serie de revelaciones periodísticas que sacaron a la luz el manejo de fondos de origen sospechoso. El escándalo escaló con rapidez al conocerse la inclusión de su esposa, Betina Angeletti, en la comitiva oficial a bordo del avión presidencial durante el viaje de Javier Milei a Nueva York para la Argentina Week 2026, sumado a la posterior filtración de un viaje familiar a Punta del Este realizado a bordo de una aeronave privada.
A pesar de que los bloques del PRO y un sector de la Unión Cívica Radical (UCR) recurrieron a diversas maniobras reglamentarias en el Congreso para dilatar los pedidos de interpelación y la moción de censura impulsados por el kirchnerismo, el margen político de los aliados se agotó esta semana. Tras la última tregua parlamentaria, las fuerzas dialoguistas se aprestaban a votar de forma inminente su citación obligatoria a las cámaras, dejándolo al filo del abismo político. La distancia con el Ejecutivo fue tal que hoy el mandatario ni siquiera le concedió una última reunión presencial en la Quinta de Olivos.
Repercusiones internas y la danza de nombres para la sucesión
La salida de Adorni expuso las severas fracturas éticas dentro del oficialismo. Minutos después de confirmarse la noticia, la senadora y jefa del bloque oficialista en la Cámara Alta, Patricia Bullrich, lanzó un duro mensaje en sus redes sociales reafirmando la distancia que mantenía con el exvocero:
“La confianza y la ética son dos elementos fundamentales para profundizar el cambio que el Presidente, la gente y todo el país estamos construyendo”, disparó Bullrich, quien semanas atrás ya había calificado el incremento patrimonial del exfuncionario como una «omisión ética» inadmisible.
El despacho principal de la Jefatura de Gabinete se transformó en un asiento eyectable que pocos quieren ocupar. El nombre que resuena con mayor fuerza es el del actual ministro del Interior, Diego Santilli. Si bien el dirigente del PRO esquivaba el ofrecimiento para enfocarse en su campaña por la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, las presiones políticas lo obligaron a ceder. No obstante, en los pasillos de Balcarce 50 también cobra fuerza la variante de Pablo Quirno, actual canciller, hombre de extrema confianza del equipo económico de los Caputo y con excelente sintonía con Karina Milei.
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