Piqueteros quieren llevar al Papa a una villa y podría haber un encuentro con empresarios y sindicalistas

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La visita del Papa Francisco a Argentina está generando gran expectativa en sectores políticos, empresariales y sindicales, que buscan concretar un encuentro con el pontífice. Sin embargo, quienes tomaron la iniciativa fueron los movimientos sociales agrupados en la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP) y la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR). Estas organizaciones no solo manifestaron su deseo de saludar al Papa, sino que también le propusieron visitar un barrio popular o un centro de reciclado.

Piqueteros quieren llevar al Papa a una villa y podría haber un encuentro con empresarios y sindicalistas

La invitación fue formalizada mediante una carta dirigida el 5 de este mes al prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede, el cardenal Michael Czerny, con copia para la hermana Alessandra Smerilli, quien asumirá el cargo a fin de año. Esta instancia, una especie de comisión de Pastoral Social del Vaticano, es el canal lógico para este tipo de gestiones, dado que durante el papado de Francisco fue el organismo encargado de mantener el vínculo con los movimientos populares a nivel mundial.

Cabe destacar que Juan Grabois, integrante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), miembro fundacional de la UTEP junto a organizaciones como el Movimiento Evita, Somos/Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), formaba parte de este organismo que impulsaba los Encuentros Mundiales de Movimientos Populares. El Papa siempre buscó acercar a la Iglesia con estos movimientos, reconociendo la legitimidad de sus demandas.

Como arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio valoraba la economía popular como una vía para que muchas personas obtuvieran ingresos mediante pequeños emprendimientos, en espera de incorporarse al mercado formal de trabajo. En ese marco, conoció a Grabois. Ya como pontífice, su cercanía a estos movimientos también expresaba su interés en evitar que cayeran en corrientes marxistas y, en el contexto argentino, en colaborar para contener eventuales desbordes sociales.

En la carta, el secretario general de la UTEP, Alejandro Gramajo, y el de la FACCyR, Sergio Sánchez, señalan que el Papa tendrá “la oportunidad histórica de encontrarse con quienes representan cotidianamente las tres T: Tierra, Techo y Trabajo”, demandas que sintetizan las preocupaciones de Francisco. Por ello, proponen una visita a la sede de la UTEP, a un centro de reciclado en Buenos Aires o un recorrido por un barrio popular del área metropolitana.

Los dirigentes advierten que atraviesan “un momento muy difícil” y expresan su preocupación porque “en Argentina y buena parte de la región, los movimientos populares están siendo profundamente golpeados”. Señalan que las experiencias de trabajo autogestionado, cooperativas, integración urbana, espacios comunitarios, redes de cuidado y respuestas frente al hambre y la exclusión están siendo debilitadas o desmanteladas.

“Vemos con preocupación cómo vuelven a imponerse valores que colocan al dios dinero por encima del trabajo humano, de la dignidad de las personas y del cuidado de los más pobres”, denuncian. Concluyen que el encuentro con estos movimientos “no sería solo una actividad dentro de una agenda, sino un signo concreto de una Iglesia que escucha, acompaña y camina con los pobres y los trabajadores excluidos”.

Paralelamente, desde los sectores empresariales –especialmente vinculados a las pymes– y sindicales, a través de diversos gremios, se avanza en la elaboración de un posible documento conjunto de adhesión a la Doctrina Social de la Iglesia, que se entregaría a Francisco y, si es posible, se leería públicamente en su presencia. Este encuentro podría realizarse en el campus de la Universidad Católica Argentina (UCA) en Puerto Madero, reuniendo a empresarios, sindicalistas y movimientos populares.

La confección de este documento plantea un desafío importante: lograr acuerdos entre empresarios y sindicalistas. Además, algunos dirigentes empresariales temen que una declaración crítica sobre la realidad económica y social del país pueda generar represalias por parte del Gobierno. Por su parte, la Iglesia busca evitar que la visita papal se politice.

No obstante, fuentes eclesiásticas reconocen que la línea entre un mensaje social y una intencionalidad partidaria es muy delgada, ya que los actores sociales no podrán eludir sus realidades. “La forma en que se expresen las demandas no será irrelevante”, señalan. Asimismo, habrá que observar cómo Francisco abordará las referencias sociales, tal como lo hacen todos los pontífices que visitan países con problemáticas sociales.

El Papa estará en Argentina del 8 al 11 de noviembre, tras un paso por Uruguay desde el 6 y antes de dirigirse a Perú, donde permanecerá hasta el 17. Al llegar a Buenos Aires el domingo, se reunirá con el presidente de la Nación en la Casa de Gobierno. Al día siguiente, celebrará una multitudinaria misa en las cercanías del Monumento de los Españoles, en Palermo, replicando el gesto de Juan Pablo II en 1982, durante el cierre de la Guerra de Malvinas.

Se prevé un encuentro con autoridades de la sociedad civil en el Palacio Libertad, la cita con empresarios, sindicalistas y movimientos sociales en el auditorio mayor de la UCA, y otro con jóvenes en el estadio de River. El martes, el pontífice viajará a la ciudad de Córdoba, donde oficiará una misa en el playón de la fábrica militar de aviones y visitará la catedral, en una referencia a la visita de Juan Pablo II en 1987.

Finalmente, el miércoles oficiará una misa en L

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