
Con esas dos simples palabras y ante una multitud que lo ovacionaba en la alcaldía británica de Hull, el exsoldado paracaidista Karl Bushby puso fin a una de las travesías más extraordinarias de la historia moderna. Tras 28 años y 80.477 kilómetros recorridos a pie —y en ocasiones a nado—, el aventurero cumplió su promesa de regresar a casa acompañado únicamente por The Beast, el carro fabricado por él mismo para trasladar sus pocas pertenencias.
La aventura de Bushby comenzó en 1998, cuando partió desde el extremo sur de Chile a los 28 años con apenas 500 libras en el bolsillo. Tras iniciar sus pasos en Punta Arenas y continuar por territorio argentino en 1999, el exmilitar enfrentó desafíos colosales a lo largo del planeta: cruzó el peligroso Tapón del Darién en Centroamérica, atravesó nadando las heladas aguas del estrecho de Bering entre Alaska y Rusia, y superó demoras burocráticas, crisis financieras y la pandemia de COVID-19 que pausaron su marcha durante 14 de los 28 años.
Una recepción digna de la realeza Su llegada a su ciudad natal, Hull, se convirtió en una verdadera fiesta nacional. En la plaza de la Reina Victoria, la alcaldesa Maria Coward, junto a una delegación de su antiguo regimiento de paracaidistas y cientos de vecinos, lo recibió entre aplausos y muestras de afecto. «Durante 28 años —es decir, 10.229 días—, Hull ha esperado tu regreso. Hoy, nuestra ciudad te recibe con calidez, admiración y el orgullo que mereces», expresó la jefa comunal. Asimismo, se transmitió un mensaje oficial del primer ministro británico, quien felicitó al caminante por su «espíritu inquebrantable».
Por su parte, Bushby reflexionó emocionado sobre el fin del camino: «Dicen que hace falta todo un pueblo. En mi caso, hizo falta el mundo entero para traerme de vuelta a casa… Hicieron falta dos récords mundiales solo para poder regresar aquí».
El reencuentro y el futuro Tras arribar al Reino Unido a principios de octubre tras cruzar a nado el canal de la Mancha, el aventurero emprendió los últimos kilómetros a pie rumbo a la casa de su madre. Allí lo esperaba un profundo reencuentro familiar, que incluyó abrazarse con su hijo Adam —a quien no vio crecer durante tres décadas— y conocer a su nieta.
Mientras intenta readaptarse a la vida cotidiana e iniciar una nueva etapa, su épica travesía ya trascendió las fronteras de la mano del reconocido director alemán Werner Herzog, quien lo acompañó en el tramo final para registrar su historia en un documental titulado Walk of Life.
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