
Cada 12 de abril se celebra el Día Mundial del Helado, una fecha impulsada por la Asociación Internacional de Productos Lácteos que pone en valor uno de los postres más consumidos del planeta. En Argentina, el helado no solo es un clásico gastronómico, sino parte de la identidad cultural. Según un estudio de AFADHYA, nueve de cada diez argentinos consumen helado artesanal y el país registra un promedio de 7 kilos per cápita al año, una cifra que demuestra la pasión nacional por esta delicia.
La historia del helado se remonta a miles de años. En la antigua China y en la Roma clásica ya se mezclaba nieve con arroz, miel o frutas. En Persia, hacia el 400 a.C., se elaboraban preparaciones frías con hielo, agua de rosas y azafrán destinadas a la realeza. Esas bases fueron el antecedente de los postres fríos que hoy conocemos.
Durante la Edad Media, el helado comenzó a tomar forma en Europa cuando los árabes introdujeron el sharbat, mientras que los viajes de Marco Polo aportaron recetas asiáticas que llegaron a Italia. Más tarde, innovadores como Bernardo Buontalenti y Francesco Procopio dei Coltelli incorporaron nuevos ingredientes, técnicas de homogeneización y el uso de leche, sentando las bases del helado moderno. Procopio, además, abrió en París el primer local popular dedicado a las cremas heladas, marcando un antes y un después en su difusión.
El helado cruzó el Atlántico y se consolidó en Estados Unidos durante el siglo XIX, especialmente gracias a la industrialización. En 1913 se inventó la primera máquina continua para fabricar helados, un hito que permitió producir grandes volúmenes con calidad uniforme y llevar el producto a todo el mundo.
En Argentina, la tradición heladera está estrechamente ligada a la inmigración italiana de principios del siglo XX. Muchos inmigrantes, expertos en la elaboración artesanal, comenzaron vendiendo helado de manera ambulante —como en las playas de Mar del Plata— hasta abrir sus propios locales. Con el tiempo, las recetas originales se adaptaron al paladar local, dando lugar a un estilo único, reconocido internacionalmente.
El helado argentino se distingue por ser artesanal, natural y elaborado sin conservantes, con materias primas de alta calidad, frutas frescas y producción diaria. Esa identidad, sumada a la creatividad y a la dedicación de los maestros heladeros, explica por qué este postre ocupa un lugar tan especial en la mesa y en el corazón de los argentinos.
En este Día Mundial del Helado, la celebración invita no solo a disfrutar un gusto favorito, sino también a reconocer el valor histórico, cultural y productivo de una tradición que sigue creciendo y generando orgullo en todo el país.
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