Suiza ha iniciado la transformación de una profunda excavación en Laufenburg en un proyecto de gran envergadura: la construcción de la batería de flujo redox más potente del mundo. Esta obra, impulsada por la empresa FlexBase Group en el cantón de Argovia, tiene previsto almacenar más de 2,1 GWh y generar una potencia superior a 1,2 GW en su configuración final, niveles comparables a la producción de la central nuclear de Leibstadt.

El propósito no se limita a establecer un récord, sino a afrontar un desafío crucial para Europa: garantizar el suministro eléctrico ante la intermitencia de las energías renovables como la solar y la eólica. Este proyecto adquiere especial relevancia en un contexto en el que conviven vehículos eléctricos, bombas de calor, centros de datos y el creciente costo de la electricidad en un complejo panorama energético.
La excavación, cuya superficie equivale a la de dos campos de fútbol y posee una profundidad similar a un edificio de ocho plantas, albergará la enorme batería basada en una tecnología que data del siglo XIX. Se espera que la instalación entre en operación en 2029, con una inversión que podría superar los 5.500 millones de euros.
Aunque el tamaño de la excavación recuerda a una mina o a una obra subterránea, el objetivo es almacenar energía renovable para su uso posterior. La batería permitirá almacenar electricidad excedente generada en días de gran producción solar o eólica, y suministrarla cuando la demanda sea alta o la generación disminuya.
Las baterías de flujo redox, concebidas inicialmente en 1879 y desarrolladas posteriormente por la NASA, almacenan energía en líquidos electrolíticos en lugar de electrodos sólidos, como ocurre con las baterías de litio convencionales. Su principal ventaja es la durabilidad: presentan una menor degradación con el tiempo, mayor seguridad y pueden operar durante largos períodos sin perder capacidad significativa.
Sin embargo, su gran tamaño y necesidad de amplios depósitos dificultan su implementación en dispositivos pequeños o en ciudades densamente pobladas. Por ello, proyectos de gran escala como el de Laufenburg son casos excepcionales donde esta tecnología puede desplegarse a nivel masivo.
En cuanto al funcionamiento, las baterías de flujo redox almacenan energía química en electrolitos líquidos que se bombean a través de celdas electroquímicas. Durante la carga, la electricidad se convierte en energía química; al descargarse, el proceso se invierte para producir electricidad. Para aumentar la capacidad, se amplían los tanques de electrolito, mientras que la potencia depende del equipo de conversión. FlexBase destaca que su sistema emplea un electrolito acuoso con alto contenido de agua, no inflamable, no explosivo y reciclable.
Si el proyecto avanza según lo previsto, Suiza podría consolidarse como un referente europeo en almacenamiento energético, una pieza clave para sostener el crecimiento de las renovables y garantizar la estabilidad futura de las redes eléctricas.
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