
La Municipalidad de la Capital y la Iglesia Catedral coordinaron los festejos patronales de la Ciudad. Tras la misa de Monseñor Jorge Lozano y una concurrida caravana, vecinos de todos los distritos se concentraron en el CIC del Barrio Manantial para encender la gran fogata y quemar sus intenciones. «Una ciudad fuerte se construye sobre los valores y la fe», destacó la intendenta Susana Laciar.
Las llamas de la esperanza volvieron a iluminar la noche capitalina en una de las muestras de fe e identidad cultural más antiguas de la provincia. La Municipalidad de la Ciudad de San Juan, en una acción conjunta con la Iglesia Catedral, llevó a cabo las celebraciones en honor a San Juan Bautista, el Santo Patrono de los sanjuaninos. La emotiva jornada convocó a cientos de familias que desafiaron el frío invernal para compartir un espacio de profunda devoción, deseos de renovación y encuentro comunitario.
El programa de actividades litúrgicas se inició en el altar mayor de la Catedral con la Santa Misa, presidida por el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano. Tras el oficio religioso, la imagen del Santo Patrono encabezó una imponente procesión y caravana vehicular que recorrió las calles céntricas hasta llegar al playón del Centro de Integración Comunitaria (CIC) del Barrio Manantial, en el distrito de Trinidad, epicentro elegido para el tradicional ritual del fuego.
«Todos vivimos estos festejos patronales con mucha fe y devoción. Esta caravana y esta fogata nos permiten revivir nuestras tradiciones y fortalecer aquello que nos une como comunidad», expresó emocionada la intendenta Susana Laciar al momento de encender las maderas.

Mensajes al fuego: soltar lo negativo y abrazar el futuro
El instante más esperado por la multitud fue, sin dudas, la tradicional quema de los mensajes. Para esta ocasión, la comuna dispuso un sector especial con mesas y papeles donde los asistentes pudieron redactar de puño y letra sus intenciones, preocupaciones, agradecimientos y anhelos. Minutos después, esos trozos de papel fueron arrojados colectivamente a las grandes llamaradas, simbolizando la purificación, el desapego de los malos momentos y la refundación de las esperanzas familiares.
La jefa comunal capitalina reflexionó sobre el impacto social de sostener vivas estas costumbres: «Muchos vecinos vienen con la esperanza de depositar aquí sus pedidos, aquello de lo que quieren desprenderse y también sus deseos para el futuro. Una ciudad fuerte se construye sobre cimientos fuertes, y esos cimientos no son solamente la infraestructura o las obras; tienen que ver con la comunidad, con los valores y con la fe que compartimos», sentenció.
Música, sopaipillas y calor comunitario
La velada estuvo impregnada de mística y calidez. Mientras el fuego ganaba altura, el Ministerio de la Música llevó adelante una vigilia musical religiosa que acompañó las oraciones de los presentes. Además, para hacer frente a las bajas temperaturas de la jornada, el equipo de la Dirección de Desarrollo Humano del municipio distribuyó de manera gratuita cientos de litros de mate cocido caliente y sopaipillas artesanales entre los vecinos, transformando el playón de Trinidad en una verdadera mesa comunitaria al aire libre que reforzó el sentido de pertenencia de la Capital.
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