
El ministro del Interior, Diego Santilli, recibirá este martes a los mandatarios Leandro Zdero (Chaco), Marcelo Orrego (San Juan) y al opositor Gustavo Melella (Tierra del Fuego). El objetivo central es destrabar el empantanamiento por la eliminación de las PASO y negociar fondos para obras públicas a cambio de votos en el Congreso.
El Gobierno nacional no está dispuesto a ceder el terreno de la iniciativa política y vuelve a colocar la postergada reforma electoral en la cima de sus prioridades legislativas. En una jornada que se anticipa frenética en los pasillos de la Casa Rosada, el ministro del Interior, Diego Santilli, encabezará este martes una decisiva ronda de negociaciones bilaterales con tres gobernadores de peso territorial, buscando tejer los consensos necesarios antes de que el megaproyecto ingrese formalmente a las comisiones del Congreso de la Nación.
La estrategia oficial, desplegada minuciosamente desde hace semanas por el titular de la cartera política, apunta a medir el margen real de respaldo con el que cuenta el oficialismo en ambas cámaras. La agenda de audiencias en Balcarce 50 arrancará temprano: a las 10:00 recibirá al chaqueño Leandro Zdero; por la tarde, a las 15:00, será el turno del sanjuanino Marcelo Orrego, y el cierre de la jornada estará a cargo del fueguino Gustavo Melella, pautado para las 16:00.
Billetera y obra pública: la moneda de cambio
El ingreso de Gustavo Melella a la grilla de entrevistas añade un condimento de alto voltaje político. El mandatario de Tierra del Fuego ha mantenido una relación abiertamente distante con la gestión central, por lo que su presencia convalida el giro pragmático de la Casa Rosada, dispuesta a abrir canales institucionales incluso con la oposición más dura.
Sabiendo que los votos en el Parlamento no están garantizados, la estrategia de Santilli excede lo meramente normativo. En cada reunión, los gobernadores pondrán sobre la mesa carpetas con reclamos históricos de sus provincias: transferencias automáticas de recursos, reactivación de obras de infraestructura paralizadas y financiamiento para obra pública. El oficialismo busca sintonizar estas demandas locales con las necesidades parlamentarias del Ejecutivo, un toma y daca tradicional de la rosca federal.
El laberinto de las PASO y los planes de contingencia
La eliminación lisa y llana de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) se mantiene como el principal escollo que mantiene empantanada la discusión con los bloques dialoguistas. Si bien el ministro del Interior ya cosechó los apoyos del entrerriano Rogelio Frigerio y del catamarqueño Raúl Jalil (quien adhirió a la idea de que las internas deben resolverse puertas adentro de los partidos), el número definitivo para la aprobación sigue estando lejos.
Ante este panorama de paridad, el Gobierno empezó a evaluar alternativas de flexibilización. Ganó terreno en los despachos oficiales una propuesta de matriz radical que sugiere no derogar el sistema, sino transformar las PASO en un mecanismo optativo para las fuerzas políticas.
La reforma electoral bajo la lupa no se agota en las primarias; el menú de modificaciones estructurales incluye otros tres capítulos de fuerte impacto institucional:
Boleta Única Papel (BUP): La polémica inclusión de un casillero para habilitar el voto a «lista completa».
Ficha Limpia: El impedimento legal para que ciudadanos con condenas judiciales confirmadas puedan postularse a cargos electivos.
Financiamiento partidario: Una reconfiguración integral del sistema de aportes públicos y privados durante las campañas.
Con esta triple cumbre, el oficialismo intenta ordenar sus filas y trazar un diagnóstico definitivo. De la muñeca negociadora de Santilli dependerá si el proyecto llega al recinto con fuerza de ley o si terminará diluido en las promesas de la negociación federal.
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