
La víctima, de 70 años, cayó en una trampa digital tras hacer clic en una publicidad falsa de YPF en redes sociales. Los ciberdelincuentes se ganaron su confianza, le hicieron instalar una aplicación de acceso remoto para vaciarle las cuentas y luego la amenazaron. Ahora arrastra una deuda millonaria por préstamos preaprobados que la banda gestionó usando su identidad.
El ciberdelito en San Juan sumó un nuevo y devastador capítulo que expone la vulnerabilidad de nuestros adultos mayores ante las mafias digitales. Una jubilada sanjuanina de 70 años se convirtió en la víctima de una sofisticada banda de ciberdelincuentes que, mediante técnicas de manipulación psicológica e ingeniería social, no solo le sustrajo una suma cercana a los 5 millones de pesos —los ahorros de toda su vida—, sino que además usurparon su identidad para solicitar préstamos bancarios millonarios que ahora la mujer se ve obligada a afrontar en medio de una pesadilla financiera.
La maniobra delictiva comenzó a gestarse a través de un anuncio publicitario fraudulento que circulaba activamente en plataformas digitales de amplio alcance. La publicación, diseñada con logotipos apócrifos, promocionaba un tentador y seguro sistema de inversiones energéticas supuestamente respaldado por la petrolera estatal YPF. Atraída por la posibilidad de generar un ingreso extra que resguardara sus ingresos frente a la inflación, la mujer completó un formulario básico con sus datos de contacto sin imaginar el calvario que vendría.
A las pocas horas, la estructura criminal se puso en movimiento. Un grupo de falsos «asesores financieros» e «ingenieros en inversiones» contactaron a la abuela mediante llamados telefónicos y aplicaciones de mensajería. Con un lenguaje técnico sumamente pulido, modales corporativos y una extrema amabilidad, los delincuentes guiaron pacientemente a la víctima, convenciéndola de realizar transferencias iniciales bajo la promesa de dividendos de acreditación inmediata.

Valiéndose de la manipulación psicológica, los estafadores le indicaron a la jubilada que debía instalar una aplicación de acceso remoto en su celular (como AnyDesk o TeamViewer), bajo el falso pretexto de brindarle «asistencia técnica directa» para optimizar sus operaciones. Fue la llave para el desastre.
Intrusión, vaciado y amenazas
Sin que la mujer de 70 años pudiera advertirlo, los intrusos tomaron el control absoluto de su teléfono, ingresaron a sus plataformas de home banking y ejecutaron múltiples movimientos de fondos no autorizados. Cuando la víctima notó que las ganancias nunca se reflejaban y revisó sus saldos, el dinero ya se había esfumado. Al verse descubiertos y bloqueados por la damnificada, los delincuentes abandonaron la amabilidad y respondieron con una agresiva campaña de mensajes amenazantes e intimidatorios para infundir temor y frenar cualquier denuncia.
La peor parte del fraude salió a la luz pocos días después. Los delincuentes no se conformaron con los 5 millones de pesos de sus cuentas: en los minutos en que controlaron el dispositivo de la mujer, gestionaron y cobraron diversos créditos bancarios preaprobados de adjudicación inmediata. La multimillonaria deuda quedó ligada legalmente al nombre de la sanjuanina. El caso ya está en manos de la UFI especializada en Delitos Informáticos y Estafas, cuyos investigadores siguen el recorrido del dinero de manera virtual para intentar identificar y congelar las cuentas receptoras antes de que los fondos sean retirados o convertidos a criptomonedas.
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