
El tribunal integrado por los jueces Moya, Allende y Figueroa halló al imputado culpable de tentativa de femicidio. La Fiscalía había solicitado 12 años y la querella 22, mientras que la defensa alegaba legítima defensa. Antes del fallo, el acusado ensayó una justificación mística en sus últimas palabras, pero el crudo testimonio de Marita, la sobreviviente, sepultó sus coartadas.
La justicia de San Juan cerró un capítulo cargado de violencia, dolor y manipulación en el norte del Gran San Juan. Este viernes, el tribunal conformado por los magistrados Mabel Moya, Flavia Allende y Javier Figueroa dictó sentencia definitiva y condenó a Matías Olmedo a la pena de 10 años de prisión de cumplimiento efectivo. El cuerpo de jueces lo encontró penalmente responsable del delito de homicidio agravado por el vínculo y mediando violencia de género en grado de tentativa, tras comprobarse el feroz ataque que perpetró contra su expareja en el departamento Chimbas.
Durante la ronda de alegatos celebrada en las jornadas previas, el fiscal de la causa, Atilio Yanardi, en representación de la UFI CAVIG, había encuadrado formalmente el ataque como una tentativa de femicidio y había solicitado un castigo de 12 años de encierro. Por su parte, la querella —encabezada por los abogados Gustavo Sánchez y Ana Valentina Sánchez Salmuni— había reclamado una condena drástica de 22 años de cárcel, al considerar que Olmedo no solo actuó en un contexto de asimetría de género, sino que además sumó los agravantes de alevosía y ensañamiento, añadiendo a la acusación la privación ilegítima de la libertad. En la vereda opuesta, el defensor César Oro había pedido la absolución alegando una supuesta «legítima defensa».
Antes de que el tribunal se retirara a deliberar, se le otorgó al imputado el derecho a expresar sus últimas palabras. En un discurso donde combinó lamentos y justificaciones abstractas, el joven buscó desmarcarse de la brutalidad de las pruebas: «Lamento de corazón lo que está pasando. Siempre la amé y la apoyé. Los psicólogos y los celadores del penal saben cómo soy yo personalmente. No hice nada de lo que me acusan; simplemente quise ayudarla», ensayó Olmedo en un intento de posicionarse como víctima.
«Me duele mucho lo que está sucediendo. No soy religioso, sino que creo en Dios… gracias por permitirme hablar y por escuchar mi voz. Ya llevo bastante tiempo que no se escucha mi voz y quiero que se aclaren las cosas», concluyó el acusado frente a los jueces.
La voz de la sobreviviente: el fin del control y las amenazas
Minutos después de que el tribunal leyera el veredicto que lo deposita en el Servicio Penitenciario Provincial por una década, Marita, la víctima del brutal ataque, rompió el silencio con una mezcla de desahogo y entereza. Sus palabras desarmaron por completo la puesta en escena discursiva que el agresor había montado minutos antes ante los magistrados.
«Tengo que empezar a cicatrizar el corazón. Él decía mentiras en el juicio; nunca me dejaba avanzar. Me había dicho que jamás me iba a dejar en paz, que siempre me iba a buscar», reveló la mujer, describiendo el infierno que padeció. Marita detalló la matriz de violencia psicológica a la que era sometida en la intimidad: «No me cuidaba, me tenía bajo su control todo el tiempo. Yo no podía ver a nadie, me alejaba por la fuerza de todo el mundo».
A pesar de que las pretensiones de sus abogados eran más elevadas en cuanto a la cantidad de años, la mujer se mostró aliviada y fortalecida tras la lectura del fallo judicial: «Estoy conforme con la pena. Me conformo con estos 10 años de prisión para él. Siento que ahora, finalmente, puedo retomar mi vida», concluyó conmovida.
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