Murió el Indio Solari y el rock argentino despide a su mito más grande e indescifrable

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Murió el Indio Solari y el rock argentino despide a su mito más grande e indescifrable
Murió el Indio Solari y el rock argentino despide a su mito más grande e indescifrable

Carlos Alberto «El Indio» Solari falleció este viernes por la mañana en su mítica residencia de Parque Leloir a los 77 años. El genial compositor y poeta, que batallaba desde hacía más de una década contra el mal de Parkinson, deja una huella imborrable en la cultura popular. La justicia ordenó una autopsia protocolar por averiguación de causales de muerte.

El rock argentino ha quedado sumergido en el silencio más profundo y doloroso de su historia contemporánea. Este viernes por la mañana, se apagó la voz de Carlos Alberto Solari, el «Indio», la figura más enigmática, convocante y contracultural que parió la música de habla hispana. El compositor, cantante y poeta, que llevaba años conviviendo con una dura batalla contra el Parkinson, falleció en la intimidad de su refugio en el oeste bonaerense, dejando huérfana a una gigantesca comunidad de fieles que transformaron sus letras en una auténtica filosofía de vida y bandera de resistencia.

La confirmación de su deceso impactó como un rayo de frío en las plataformas digitales y en las calles de todo el país. En X (antes Twitter), la marea de homenajes, fragmentos de canciones y lágrimas virtuales se volvió incontenible. Para tres generaciones de argentinos, la partida del Indio no es solo el fallecimiento de un músico; representa el cierre definitivo de una era dorada marcada a fuego por la autogestión, la poesía cifrada y el refugio frente a las luces de la industria comercial.

Fiel al hermetismo y al culto a las sombras que signaron sus últimas décadas, el deceso se produjo en la tranquilidad de su búnker residencial ubicado en Parque Leloir, en el partido de Ituzaingó. Con el fin de cumplir estrictamente con las normativas legales de rigor y dejar asentada de manera oficial la causa médica de su fallecimiento, la justicia de turno dispuso la realización de una autopsia protocolar, un procedimiento de rutina en este tipo de escenarios habitacionales bajo la carátula judicial de “averiguación de causales de muerte”.

Aunque el avance de la enfermedad lo había distanciado definitivamente de los escenarios presenciales tras aquel histórico y multitudinario concierto de Olavarría en 2017, el artista jamás interrumpió su lazo con el arte. Su última aparición pública de gran trascendencia había ocurrido en enero pasado, cuando envió un sentido mensaje al recibir el Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad de Buenos Aires (UBA), un galardón que validó su peso específico en la matriz intelectual de la Argentina.

Un legado inalcanzable: de los sótanos platenses al pogo más grande del mundo

El magnetismo del Indio Solari constituye un caso de estudio único en la sociología de la música global. Junto al guitarrista Skay Beilinson y la infatigable «Negra» Poli, edificó desde las diagonales de La Plata el fenómeno ecuménico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Una banda que desafió las corporaciones discográficas, rechazó de plano la sobreexposición mediática y terminó llenando estadios sobre la base del más puro y salvaje «boca en boca».

A través de metáforas complejas, Solari supo retratar como nadie las tensiones sociales, políticas y las postales callejeras de la Argentina de finales del siglo XX. Tras la traumática e incurable disolución del grupo en 2001, su etapa solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado demostró que el mito gozaba de perfecta salud, congregando a cientos de miles de almas en las históricas y litúrgicas “misas ricoteras” del interior del país, donde se materializaba el pogo más grande de la Tierra.

Hoy la cultura popular despide a su referente más indescifrable. El hombre que eligió refugiarse en las sombras para que sus canciones brillaran con más fuerza ha pasado a la inmortalidad. Queda su voz de trinchera y un cancionero imprescindible que seguirá funcionando, eternamente, como el mapa emocional de millones de argentinos.

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